martes, junio 21, 2016

aprender a obedecer

 Soy un despistado. Pero recuerdo muchas de las cosas que estaban pegadas en las paredes de la sala donde me tocó hacer de jurado hoy, en un concurso escolar de pintura y dibujo.
Allí estaban los afiches, a manera de espectadores, observadores sin juicio, silenciosos. Fueron mi única compañía por un tiempo enfrascado entre los 30 y 60 minutos. Habían textos sobre la cosmovisión Aymara, algo relacionado con el Machaq Mara que acaba de pasar y otras cosas más, todas vinculadas con la identidad regional, patrimonio intangible y lo cultural en general. Hice un barrido rápido por los textos e imágenes de toda la sala, mientras esperaba a que llegase la amiga que me había invitado a ser tramoyista del circo, por decirlo de alguna forma. Ya tenía todo listo. Mis decisiones de los primeros lugares quedaron anotadas en una pauta de evaluación que me había facilitado Mari, donde me tomé la libertad de agregar anotaciones con nomenclatura técnica, para que valiese la pena el esfuerzo de haberme invitado como jurado "especializado" (muy entre comillas). "Ser un eterno turista", me decía un profesor, "para ser creativo hay que mirar todo como si fuese nuevo". Las luces, las mesas con sus sillas, los lápices, carteles. Pasé mi vista por cada detalle, mugre y adorno que pude. Intenté maravillarme con algunas artesanías de alumnos, pero se notaba de lejos que buena parte de esos trabajos estaban hechos con mano adulta. De todas maneras las contemplé y recordé mis días de escuela y lo mucho que odiaba ser alumno y tener que hacer manualidades. A pesar de lo que piensen muchos, hacer manualidades es algo que siempre me desagradó y hasta el día de hoy prefiero evitarlas. Esto significa, que mi trabajo no lo reconozco como un mero ejercicio manual e irreflexivo. Para mi, el medio no es importante, no más que el impulso. Hacer cosas por hacer, sin pasar por el deseo, no me llena de ninguna manera. Me parece tedioso: prefiero la muerte antes de trabajar como autómata. Pensaba en eso, el tedio, cuando comencé a lamentar no haber llevado mi croquera para dibujar algunas de las cosas que estaba observando. Pero recordé que andaba con mi agenda por ahí. La busqué, desenvainé mi tiralíneas y comencé a estocar el papel mientras pensaba en "vigial y castigar" de Foucault, la razón y la locura y un grabado de Goya, el más famoso: los sueños de la razón producen monstruos. - el exceso de razón produce locura -me dije- la razón intenta esconder a los locos en los manicomios para no aceptar su derrota -divagaciones absurdas de la memoria.
Menos mal que no soy profesor.

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